La jornada fue impactante. Los acompañantes internacionales dirán sus conclusiones pero fue tremenda, a pesar de las irregularidades que se vieron como militantes del PSUV haciendo campaña en los centros de votación, en violación de la Ley Orgánica de Participación Política. El optimismo radica en que la abstención alcanzó poco menos de 35%; es decir, la gente optó por la participación.
Muchas son las cosas hay para destacar. La mayoría simple impide al gobierno nombrar magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, del Consejo Nacional Electoral (CNE), la fiscal, la defensora del pueblo y al contralor sin negociar. Tampoco puede aprobar leyes orgánicas –necesita 110 diputados- ni habilitar al presidente para que gobierne por decreto –requiere de 99-.
Chávez, sin embargo, no carece de margen de maniobra. El Parlamento rojo entrega el poder en enero de 2011; es decir, tiene poco 3 meses para aprobar leyes que lleven al establecimiento del Congreso Comunal –legislar desde el pueblo chavista- para debilitar la figura del Poder Legislativo.
Ya lo hicieron cuando la oposición ganó en 6 gobernaciones clave en 2008 y les quitaron competencias en seguridad, vialidad, educación y les entregan a cuentagotas el presupuesto para debilitar su gestión ante los ojos de la gente necesitada.
Mención especial hay que hacer al sistema electoral. Las autoridades del CNE insisten en que es el más seguro y confiable del mundo. Los resultados -prometidos para 3 horas después del cierre- se dieron casi siete horas más tarde. Si es automatizado, ¿por qué el retraso? Esto generó dudas y abrió la puerta a especulaciones sobre la posibilidad de que Chávez no aceptara los resultados y si una de las partes no los reconoce no se pueden da. El presidente tiene antecedentes de verse tentado a no hacerlo, como en su derrota en la reforma constitucional de diciembre de 2007.
¿Qué significa que la oposición haya obtenido más votos pero menos diputados? Primero, que el CNE parcializado modificó los circuitos de tal forma que quitó zonas opositoras o reforzó chavistas para asegurar más diputados oficiales. Lo otro es que dio más legisladores en estados con poblaciones pequeñas, algo que no fue proporcional. El Poder Electoral –con cuatro rectores chavistas y un independiente pro oposición- parece que no es transparente ni equilibrado, como dicen.
La otra lectura es la que parece que el gobierno comienza a ser minoría. Cuidado con una información temeraria al respecto. Hay que ver el comportamiento por circunscripción para asegurarlo.
Sí es llamativo que el oficialismo haya perdido en un proceso que el Presidente convirtió en un plebiscito. Jugó a la polarización, insistió en que su cabeza estaba en disputa, que él corría hasta peligro de muerte. Fue el único protagonista de la campaña. La estrategia no le sirvió y cayó derrotado, aunque hay que verlo con cuidado.
Hay que destacar la labor del candidato Antonio Ecarri, que peleó a Chávez un bastión oficialista, que incluye la zona del 23 de Enero, de mayoría del PSUV y donde viven grupos paramilitares que siguen la revolución. Perdió por menos de tres puntos porcentuales, cuando hace tres meses perdía por 23 puntos.
Se debe analizar si la abstención fue chavista o si hubo un voto castigo a su gestión. Lo último luce un poco probable. El comportamiento electoral del chavismo e no votar contra su Dios o hacerlo en masa. Hay que medir, también, si hubo desaliento oficial o si la gente logró comprender que la cabeza de Chávez no estaba en juego. No hay que olvidar que el Presidente es un líder muy fuerte y que sigue siendo poderosamente atrayente.
Mención especial hay que hacer a la Mesa de la Unidad Democrática, coalición de partidos que van desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. Mostró fuera, coraje y algo de organización. La alianza perfecta no se logró, cada organización actuó al final de manera individual pero los resultados son alentadores. Cuando arrancó la jornada sabía que su escenario podía ser de 48 a 56 diputados, un avance pero con poco impacto.
Hoy superó al gobierno, hito que puede ser clave para el destino político de la revolución. Su reto es probar que es más que una alianza comicial, que hay una unidad programática y de propósitos y que puede presentar y vender una ilusión creíble, que emocione, incluya y haga soñar a los pobres.